“El hijo del sastre”, la obra póstuma del arquitecto Luis Grossman, editado por su hija Gabriela, da pruebas una vez más de su excelente memoria y su exquisita capacidad de conmover. Trabajado a modo de relatos, el libro entrelaza la historia de sus padres, inmigrantes instalados en un conventillo de Almagro, con sus recuerdos más personales. A través de estas páginas desfilan sus reflexiones sobre la arquitectura y personajes de la ciudad que tanto amó y que, como Director del Casco Histórico, contribuyó a cuidar. El relato recupera un tiempo y una visión únicos, matizados por sus anécdotas íntimas con figuras legendarias como Jorge Luis Borges, Juan Domingo Perón, Ernesto Sabato, Aníbal Troilo y Atahualpa Yupanqui, y por sus dos grandes pasiones: el tango y la porteñidad. “El hijo del sastre” es, en definitiva, una invitación a honrar la vida a través del legado de un hombre brillante que se definió a sí mismo como “rotundamente feliz”. El libro se presentó en el marco de la XX Bienal de Arquitectura.